La Tertulia: memoria vocal. 1980-2011
Mis palabras nacen del entusiasmo por un lugar y por la amistad que siempre he encontrado allí. Amistad y calor en la noche. Siempre calor en un mundo cada vez más frío, año tras año.
Nos tenemos, y también nos queda la memoria compartida. La de un lugar mágicamente mundano y exquisitamente próximo. Los habituales de esa guarida podemos confesar que hemos vivido. Y no es poco ese pasado, que se cuenta ya por décadas. El futuro, lo sabemos, ya está aquí. Y da un poco de pereza. Ese reto lo asumen muchos jóvenes, hoy tertulianos, y me alegra. Les toca a esos jóvenes volver a inventar y construir instantes mágicos. Sucederá bajo nuestra atenta mirada, siempre para aprender. Como nosotros durante estos treinta años. Para el futuro, pueden seguir soñando y peleando un mundo mejor. El que hemos construido ha dejado intacta la utopía. Nadie aún ha podido con ella.
Reivindico La Tertulia como un lugar propio y compartido, como un secreto y un susurro ciudadano, como el fugaz recuerdo de lo que puede, podría haber sido o podrá ser esta ciudad. También será siempre el lugar en el que permanecen aquellas personas que tanto hemos querido, y que hoy están ausentes.
Sumergida en un humo que ya es historia también, y con un aire entre intelectual y canalla, La Tertulia ha sido, en la noche y madrugada de esta ciudad, lo más parecido a nuestra propia casa. Lo dice nuestra memoria coral como tertulianos, y lo escribió en alguna columna, Luis García Montero. Un lugar que era un refugio, una isla frente a tantos fogonazos de mal gusto que trajo cada década: los ochenta, los noventa y el extraño siglo XXI. En todo ese viaje a ninguna parte, pudimos encontrar siempre el oasis de la palabra y de la música. Fuera, habitaba el estruendo y la intensa fogosidad de la adolescencia en la noche granadina.
Su mobiliario, desde esa estética de principio de siglo, consiguió desde el primer día ese ambiente de café-tertulia, que nos llevaba a la historia más reciente de nuestras letras y de nuestro pensamiento, desde el Café-Gijón de Madrid hasta el Suizo de Granada. Sin embargo, siempre hubo, inevitablemente, un aire de cafetín y de argentinidad, en esa patria universal que es la conversación, y que gracias a Tato hizo más querido ese Buenos Aires en muchos de nosotros, a ritmo de tango y con melodías de Piazzolla.
Y, más que el sitio, el mestizaje de la clientela. Ese aire de burgués comprometido, solidario, que convive con artistas, estudiantes y bohemios de diferente condición. Treinta años que han mantenido una esencia, luchando contra unos tiempos que siempre ven la cultura como un valor añadido. Tres décadas atendiendo de urgencia a las personas que necesitaban la poesía, la palabra y la música para resistir.
Solo con echar un vistazo cualquier noche, ya en 2011, vemos que no ha pasado el tiempo entre esas paredes. Y eso, amigo Tato, es un milagro, que hace que yo y otros miles de parroquianos creamos en ti con mucha más intensidad. Ese milagro es el relevo generacional de todos y cada uno de los perfiles que pasan por La Tertulia.
Allí ha estado todo el mundo. El poeta que aún creía en la palabra, frente a la inundación de imágenes que nos saturan; el canta-autor que sigue creyendo en la utopía, a pesar de tantas ideas que han caído en desuso; el artista que lanza un SOS en la madrugada; el viajero que escucha música en directo; el solitario, que no se siente tan observado; el joven y el estudiante, que quiere descubrir y aprender; el periodista que escucha, por fin, la verdad; el camarero que se convirtió en artista; el artista que se convirtió en camarero. Todos y todas trasnochados y felices. Y el dueño, que siempre sonríe, y sigue creyendo en todo lo que le llevó a poner en marcha este proyecto común. Llegó de la oscuridad para crear luz, y esa se la debemos para siempre.
Cada rincón, cada baldosa, cada fotografía, cada recuerdo y, sobre todo, cada persona que por allí ha pasado, forma parte de la historia de un cafetín que es verdadero patrimonio de nuestra ciudad y, por qué no decirlo, es ya memoria. Una idea que viajó desde Suecia y ha llegado a ser bandera y memoria de Granada y de Andalucía. Es un mito que pervive, como asegura Juan Carlos Rodríguez, y que se convirtió en una guarida donde conocer, por ejemplo, esa “otra sentimentalidad”, o donde muchas personas han continuado el espíritu de aquel “Manifiesto Canción del Sur” o “Poesía 70”.
Sigue quedando el tiempo para charlar, sentir, reír, hablar, escuchar, bailar. Escuchar de nuevo y aplaudir siempre, como yo aplaudo esta iniciativa. Ojalá sea cierto, como una profecía, el verso de Juan de Loxa: “Tertulia eres y en tertulia te convertirás”. Así sea.
Enrique Moratalla
Lista de temas:
- Enrique Moratalla – Eso lo digo yo
- Patricia Lázaro – El tío de la tiza
- Fran Fernández – Sólo una más
- Bruno Bonacorso – Wait for me
- Juan Cruz - Total
- Juan Trova – La noche entre paréntesis
- Elena Bugedo – Escondida
- Antílopez – Ser músico
- José Antonio Delgado – No te dolerá
- Fede Comín – Puente
- Alberto Alcalá – Habanera
- Carlos Andreoli – Una noche estrellada en Albayzin
- Patricia Fernández – Donde tu voz pare el tiempo
- José Carlos Morales - Ketama Boogie
- All freedom + Tom Lardner - Just sit here and drink
- Osvaldo Jiménez y Javier Oyhanarte - 1º Mayo
- Esteban Valdivieso – Perfumando Amaneceres
- Emilio Maya y La Maya – Farruca de Tío Sabicas
El disco se puede adquirir en La Tertulia a un precio de 10€














